En esta ocasión adjunto una nota escrita por Profesor Leis, muy acertada como pauta básica para defender nuestra cultura tan amenazada estos días.
Se titula: LA CULTURA NO ES UN APÉNDICE

Por: Raúl Leis R.
SOCIOLOGO, ESCRITOR Y EDUCADOR Panameño

La cultura es ese conjunto de expresiones, actividades, productos materiales y espirituales, símbolos y representaciones que brotan del quehacer humano que se expresa como algo vivo, dinámico. Es proceso de creación y recreación, que corresponde a una visión propia de la realidad, y también del ser humano y sus relaciones sociales.

Para Amilcar Cabral, la cultura es el elemento más esencial de la historia de un pueblo “la cultura es, quizás, el producto de su historia tanto como la flor es el producto de una planta”, pero la cultura es además de producto, motor de la historia. Panamá es ejemplo de esto en su vida republicana, pues logramos afirmarnos como nación en relación a la abrumadora presencia militar, económica, territorial, militar, y cultural estadounidense. Claro que aun vivimos el desafió de una cultura nacional en construcción, y precisamente por ello es un desafío permanente. Una de las mayores agresiones hacia un pueblo es secuestrarle su historia e impedirle desarrollar, a partir de ella, su propia cultura.

La relación Estado y Cultura es contradictoria pues el Estado por su propia naturaleza busca unificar y controlar, mientras la cultura es diversa y busca escapar a cualquier control a través de su especificidad creativa y lúdica. También existen estados que más que controlar ven con desinterés los procesos culturales, y no proporcionan los recursos mínimos a la actividad cultural.

Las políticas culturales, muchas veces responden mas a una visión desde el poder de lo que es la cultura, y no a la necesaria promoción, gestación y recreación de los distintos procesos en los cuales se desarrollan los valores culturales. Por ello en la construcción de esas políticas debe estar presente la activa participación de la sociedad civil.

José Martí expresa que el buen gobernante en Nuestra América:

“no es el que sabe cómo se gobierna el alemán o el francés, sino el que sabe con que elementos está hecho su país y cómo puede ir guiándolos en junto para llegar, por métodos e instituciones nacidas del país mismo, a aquel estado apetecible donde cada hombre se conoce y ejerce y disfrutan todos de la abundancia que la Naturaleza puso para todos en el pueblo que fecundan con su trabajo y defienden con sus vidas. El gobierno ha de nacer del país. La forma de gobierno ha de avenirse a la constitución propia del país… se imita demasiado y que la salvación está en crear. Crear es la palabra de pase de esta generación.” Pero esa invitación a crear no nos aisla del mundo: “Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”.

Hoy no se entiende un Estado democrático de derecho, sin la garantía de derechos humanos fundamentales y uno es el derecho a la cultura, es decir la posibilidad de todos a la producción, acceso y disfrute de los bienes de la cultura, en los que el Estado debe ser un promotor, coordinador y patrocinador y no un mandamás.

Por todo ello, la cultura no puede ser un apéndice, ni estar subordinada a otras dinámicas que la desvirtuarían, por el contrario, lo esencial es la construcción de una política cultural con visión de estado, coherente, descentralizada, transversal a las diferentes entidades y diversos campos, con metas específicas, personalidad jurídica, autonomía de gestión y recursos suficientes, que se inserte como un eje articulador en el desarrollo económico y social del país.